La importancia del calzado ocupacional

Existen trabajos que requieren que se utilice un uniforme para poder realizarlos, y no sólo por el hecho de dar una identidad a los colaboradores, sino porque tienen algún nivel de riesgo que puede poner en peligro la integridad del trabajador. Una parte importante de ese uniforme es el calzado, el cual además de ser cómodo, debe contar con la protección necesaria para que la persona pueda realizar sus actividades sin temor a dañar sus pies.

El calzado ocupacional se puede clasificar en tres rubros: de seguridad, de protección y de trabajo.  A continuación te contamos cuál es la diferencia entre cada uno de ellos.

El calzado de seguridad es aquél de uso profesional que tiene como objetivo principal proporcionar mayor protección sobre todo contra impactos y resguardar así los dedos del pie y asegurarse que soporte fuertes impactos de energía. Este calzado debe cumplir con una protección en la punta, llamada casquillo, que soporte un impacto con una fuerza de 20 kg cayendo de una altura de 1.5 metros. Los principales riesgos que debe proteger son mecánicos, eléctricos, químicos y térmicos.

Este tipo de calzado también se caracteriza por tener una normativa oficial para su producción y uso, que es la Norma Oficial Mexicana (NOM-STPS-113). Un ejemplo de ellos son las botas industriales, aunque el diseño y los materiales pueden variar dependiendo de la función que el zapato deba cumplir.

La función del calzado de seguridad se determina por el área de trabajo, ya que cada oficio tiene sus propias necesidades, por ejemplo aunque un albañil y un electricista estén en riesgo latente por sus actividades, dichos riesgos no son los mismos y cada quien necesitará de un protección determinada.

El calzado de protección ofrece un nivel menor de protección comparado con el de seguridad, soportan un menor nivel de impacto, por lo que no se recomienda su uso para hacer actividades riesgosas.

Por su parte el calzado de trabajo sólo ofrece la protección básica de seguridad, no cuenta con casquillo y se diseñan especialmente para ofrecer confort, agarre y resistencia. Se recomienda utilizar sólo en áreas donde existen riesgos muy bajos. No están considerados como calzado de seguridad. Por ejemplo las botas impermeables pueden ser consideradas dentro de este rubro y son utilizadas por carniceros, jardineros u oficios que no están en riesgo latente pero que desean que sus pies permanezcan secos y no vayan a resbalar.

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