Las secuelas de la mala praxis, el lado aún más oscuro

Cuando acudimos al médico, lo hacemos con la esperanza de curarnos de ciertos padecimientos o dolencias, poniendo nuestra confianza completa en el personal de salud, médicos, enfermeras y especialistas, a pesar del miedo que ocasiona el entrar a cirugía o tomar medicamentos que desconocemos. Sin embargo, pocas veces desconfiamos en lo que el médico dice y no nos imaginamos que podríamos ser víctimas de una mala praxis, ni que sus secuelas podrían causarnos daños permanentes a varios aspectos de nuestra vida.

La mala praxis o negligencia implica un error o una omisión de la atención por parte del médico o del personal de salud, también el incumplimiento de las normas de atención para el tratamiento del paciente, ya sea por falta de conocimiento o por clara omisión negligente, lo cual ocasiona un daño a la salud del paciente, quien muchas veces no tiene idea de cómo actuar ante una negligencia médica, incluso algunos ni siquiera saben que han sido víctimas de un trato negligente.

Sin embargo quienes son conscientes de la mala praxis experimentan una especie de ruptura en la confianza al sistema de salud, lo que puede poner en riesgo su futuro tratamiento, ya que muchas personas desconfían de los médicos y hospitales después de un trauma psicológico tan grande como una negligencia. Incluso los familiares muchas veces se niegan a acudir con médicos por temor a ser víctimas de malos tratos.

Por otro lado, las secuelas o el daño físico es la consecuencia evidente de una negligencia médica,  que puede ser un problema crónico de salud, una incapacidad, o una enfermedad nueva, añadida a la que el paciente presentaba y que hace más inestable el estado de salud del paciente, quien puede perder su empleo e ingresos económicos debido a la negligencia.

Aunque obtenga una indemnización, estas suelen cubrir únicamente el daño físico, es decir, que el afectado podría tener atención médica pero no una compensación económica que le ayude a lidiar con los gastos de su hogar, especialmente cuando se trata del jefe de familia.

Las secuelas psicológicas de una negligencia médica no se deben desdeñar por no ser visibles, pues el sufrimiento que provocan las lesiones puede afectar a la persona durante años, dañando su calidad de vida: una negligencia médica agudiza ansiedad, la cual no es el mejor aliciente para la salud pues acentúa los síntomas de numerosas patologías e incluso puede desencadenar una enfermedad funcional.

La ira y el resentimiento suelen acompañar a la víctima de la negligencia, a sus familiares y allegados. A menudo, una víctima de la negligencia médica se siente abandonada a su suerte, indefensa, sin apoyo económico ni legal, pues realmente pocas personas encuentran apoyo para hacer frente a instituciones de salud.

Por otra parte, una gran consecuencia del daño físico es autoestima pobre y maltratada que se puede manifestar en cambios en su comportamiento, como por ejemplo, pérdida de habilidades sociales, reducción de actividades de ocio, aislamiento social, etc.

Todas estas conductas pueden ocasionar sentimientos depresivos, que pueden llegar a ser crónicos y producir un trastorno, lo que implica una gran afectación en todos los ámbitos de la persona, social, laboral, personal y emocional.

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